De la tríada que inquieta al hombre ¿quién soy, de dónde vengo, a dónde voy? Hoy me quedo con la primera. El día que empiezas a hacerte esa pregunta, tu vida cambia por completo, para siempre; pues de la respuesta, dependerá el resto de decisiones que tomes y nadie podrá contestarla por ti; es un examen en el que si copias, el examinador lo sabrá porque eres tú mismo y deberías repetirlo.
¿Soy yo y mis circunstancias?
Desde que nacemos, son muchos los cambios que se producen en uno mismo: físicos y mentales. Luego ¿qué es lo que me hace seguir siendo a pesar de los cambios? ¿qué hace que me reconozca en cada momento? ¿qué permanece?
Cuando nací, me faltó oxígeno al nacer: estaba morada y arrugada, tan fea que mis abuelas se reían de mí. En serio. Así de glamurosa fue mi llegada al mundo. Pero pregúntale ahora, a ver si se rie: soy la nieta más guapa del mundo. Inmodestia aparte, lo que quiero decir con esto es que mi cuerpo ha cambiado a lo largo de mi vida: por él mismo o por mi culpa. Me acompaña siempre pero, si algún día me faltase parte de él, yo seguiría ahí. Mi cuerpo no soy yo, es sólo partes de una parte de mí, la que menos perdurará íntegra.
Para cambios a una velocidad de vértigo, los de mi mente. He tenido y tengo tantos pensamientos: diferentes, contradictorios, pasajeros... si fuese mis pensamientos, habría infinidad de YOES. Mis pensamientos forman parte de mi personalidad, pero ésta también cambia y depende de factores externos. Mi personalidad me aporta un patrón de conducta, pero no siempre me he comportado igual.
De acuerdo en que existen circunstancias, pero ¿qué pasa con el YO? Hasta ahora sólo he visto etiquetas que van y vienen, que se pegan y se despegan, pero que no siempre han sido como ahora y sin embargo, yo siempre he sido yo. Sólo son definiciones en un momento o un lugar dado, en unas circunstancias.
Me metí en el berenjenal de este artículo por culpa de o gracias a Mameluco. Él me instó a investigar sobre la diferencia del hombre con el resto de seres vivos. Me dijo que nosotros tenemos conciencia de nosotros mismos, nos preguntamos quiénes somos y somos conscientes de nuestra existencia. Así que debe haber diferentes formas de existir porque existir, existimos todos los seres vivos; pero sólo el hombre y muy pocos animales tienen conciencia de sí mismos.
Me dijo que los animales simplemente están ahí... y ya está; existen sin más. Nosotros buscamos identidades o identificarnos, autodefiniciones, etiquetas que nos catalogan. Pero eso no es SER, eso es ESTAR porque, si las circunstancias cambian, las etiquetas cambian y dejan de formar parte de uno.
Estar en un determinado lugar, con determinadas personas o en un momento determinado, nos hace actuar de una forma determinada: nos colocamos la etiqueta pertinente e interpretamos lo que reza en ella.
Por otro lado, si perdiera la memoria, todo lo vivido hasta ahora ¿seguiría siendo yo? ¿sería una persona nueva? ¿En qué medida influyen las circunstancias en quienes somos?
¿Renacería como una nueva persona o renacería nuevamente YO libre de prejuicios?
¿Nos convierte esto en esclavos de las etiquetas, de las circunstancias? Entonces ¿sólo somos lo que ellas nos impongan? ¿Acaso no existe un YO concreto, un SOY? ¿Sólo existe un ESTOY?
Luego no sé si en lugar de preguntarme ¿quién soy? debería preguntarme ¿soy o estoy?
¿O hay que dejar de estar para empezar a ser?
P.D.: Agradezcon infinitamente ser hispanoparlante. No sé qué habría sido de este artículo sin la diferencia entre los verbos copulativos SER y ESTAR.
Reflexiones arqueológicas y urbanísticas de un menor.
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